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el mar ante el espejo

Bitácora absurda

UNA VIDA COMO CUALQUIER OTRA

Este calor asesino me despierta a las cuatro de la mañana y hasta puedo oír perfectamente el clic en mi cabeza que me indica que ya no volveré a dormirme en lo que queda de madrugada. Me doy una ducha helada, apenas me seco con la toalla, me visto con un pantalón corto de deporte y salgo al balcón a fumarme un cigarrillo y a esperar la llegada de la alborada. Todos las casas están con las luces apagadas, excepto un piso que queda a la izquierda de mi balcón, algo lejano, que tiene la luz encendida, y me pregunto si acaso no habrá en un balcón de aquella casa otro tipo como yo pensando que allá, a la derecha, algo lejano, también hay una luz encendida. Por la noche se piensan cosas muy raras, pero con la segunda calada yo ya estoy pensando en Marta y en los niños. Nunca entenderé por que a tantos hombres esta situación de "Rodríguez" durante el verano les parece tan morbosa. A mi desde luego me desagrada. No me gusta separarme de Marta. Me gusta alargar el brazo en la cama y sentir su sudor cálido. Me gusta levantarme cinco minutos antes que ella cuando salimos para el trabajo y que ella ya se encuentre el café preparado con sus cuatro galletas que invariablemente, siempre cuatro, toma cada mañana. Me gustan demasiadas cosas de mi vida con ella y con los crios como para entender esa perturbación estúpida que para algunos hombres significa quedarse solos unos días en verano. Aunque no me queda más remedio que reír las bromas insoportables de mis compañeros del bufete, los pobres no saben que, mas que darme envidia, lo que me dan es pena, repugnante pena. Dentro de unas cuantas horas, mientras yo atienda rutinarios casos de divorcio en el despacho, Marta y los niños estarán ya en la playa, tal vez bañándose, no muy lejos de la orilla por la niña, o tal vez estén construyendo “ulbanizaciones” como me dice el peque, con el cubo y la pala de plástico, o tal vez decidan quedarse en la piscina del hotel, o tal vez quizás tal vez. Cuento los días que faltan para poder reunirme con ellos y estar de nuevo todos juntos.

Apuro mi segundo cigarrillo, miro la brasa antes de robarle su ultima calada y arrojo lejos la colilla, haciendo palanca con los dedos gordo y corazón. Me froto rápido las manos y me recoloco el batín que llevo sobre el pijama. Entro en el dormitorio, cierro el balcón y me meto de nuevo en la cama. Miro el reloj digital de la mesilla, para dar la salida a este nuevo intento de dormir. Son las 05:34. Y mientras me arrebujo entre las sabanas y las mantas, decido que mañana hará también demasiado frío como para salir a buscar trabajo y también como para salir a buscar a Marta. Pienso que si no aparece ninguna Marta, también me gustan los nombres de Marina o de Elena, aunque eso si, lo que tengo mas claro es que los hijos serán dos, niño y niña, se ponga Marta como se ponga, eso es innegociable, aunque ya decidiré con ella más adelante que nombre les ponemos.

Referencias

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Comentarios

  1. eres tremendo javi¡

    Comentario de morgaana hace 4 años y 52 meses

  2. Me ha sorprendido el final del cuento. Inesperado.

    Comentario de bego hace 4 años y 52 meses

  3. Sempre decidimos nós, mesmo quando vcs pensam que decidiram.

    Comentario de Nara hace 4 años y 52 meses


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