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el mar ante el espejo

Bitácora absurda

UVE



Cuando murió mi madre, una de las pocas cosas que heredé de ella fue V, su periquito. Lo primero que hice fue comprarle una jaula mucho más grande para que tuviera más espacio. Cada mañana al levantarme, le cambiaba el agua, le arreglaba algún pequeño desperfecto que tuviera en su bello plumaje verde y azul y le colocaba en el comedero una mezcla de alpiste, vitaminas y verdura fresca que sabía era lo que más le gustaba. También, y cada cierto tiempo, le cortaba las uñas con un cuidado extremo para no seccionarle algún vaso sanguíneo. Aparte de todo esto, de vez en cuando me preocupaba de cambiarle el hueso de jibia para que pudiera tener su hermoso pico siempre bien afilado.



Una mañana al levantarme y al quitar la sabana blanca con la que cubría la jaula de V para que este no piase desde muy temprano, me lo encontré muerto, caricaturescamente patas arribas, y con gran parte de las plumas arrancadas. Me quedé mirándole durante unos segundos, o tal vez fueran minutos, qué importa. Me acerqué al cajón de los cubiertos y cogí la pinza que usaba para sacar las croquetas de la sartén. Con esas pinzas agarré a V lo coloqué sobre el ABC de ayer, lo envolví por sus páginas de religión, abrí, pisando el pedal, el cubo de la basura, y lo tiré junto con las sobras de la cena de ayer que aún reposaban en un plato en la cocina. Adiós, V, adiós. Siempre odié a ese pájaro.

Referencias

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Comentarios

  1. ¡pobre V¡

    Comentario de morgaana hace 4 años y 54 meses

  2. Como mola!!!! rs

    Comentario de Nara hace 4 años y 52 meses


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